13 noviembre, 2020

En tiempos de pandemia, el festival Cruïlla busca reivindicar su modelo independiente

Por Editor

No es un secreto que estos tiempos que se viven de coronavirus han dejado una gran huella dentro del sector cultural, sobre todo en aquellos ámbitos que eran más frágiles. Y uno de esos, como coincidencia para expertos y profanos, ha de ser el de la música. A modo de reflexión sobre este y otros aspectos, encuentra su origen el ciclo Aportacions. Diàlegs per a una revisió del sector cultural organizado por la Fundació “la Caixa” de manos de Gonzalo Gortazar Rotaeche Caixabank y la publicación cultural Hänsel* i Gretel*.

En días recientes entraron en plena dialéctica Jordi Herreruela, quien es el director del Festival Cruïlla de Barcelona, en compañía de Fèlix Riera, que es el director de la Fundació Romea, quienes debatieron sobre el Passat i futur de les festivals de música que ha sido marcado por los profundos efectos del coronavirus.

En este sentido, Riera comentó que no tiene gran sentido hablar del presente de los festivales de música debido a que la incertidumbre aún se muestra total, añadiendo que el Cruïlla ha demostrado que es posible programar y actuar desde el día a día.

En presencia de un auditorio que abarcaba una de las salas de CaixaForum, Herreruela confesó: “a nivel profesional estoy moderadamente optimista. Después de estos últimos meses, parece que los tests rápidos pueden hacer que sea innecesaria la distancia física entre los asistentes en los conciertos, y está por ver si es o no obligatoria la mascarilla. A partir de esto estamos viendo si el verano que viene se podrá hacer el Cruïlla en el Fòrum”. Así mismo, adelantó algo que podría parecer más sensato: “seguramente habrá una combinación entre el Fòrum y el Cruïlla XXS. Nos gustaría, como festival independiente, no perder el nuevo formato, y poder contar con muchos escenarios en la ciudad”.

Ante tales afirmaciones, también reconoció, que: “seguramente todo hay que replantearlo. Los grandes eventos hay que plantearlos al público local, con dimensiones espaciales menores, con criterios de responsabilidad medioambiental y con respeto a las medidas sanitarias. El objetivo también pasa por proyectar una idea de ciudad sin atraer a mucha gente de fuera, donde el centro de la convocatoria sea el contenido pero también el público, es decir, cambiar la masa por personas”.
Más allá de todas estas posiciones, el festival tiene como una gran ventaja contar con un público muy local y diverso, en una coyuntura que ha venido a ser marcada por la incertidumbre originada por la pandemia.

En referencia al rol de las administraciones con respecto a dicha reconversión, Herreruela acota que el escenario cultural, de acuerdo a su opinión, existia antes de la Covid vivía de la contratación pública –sobre todo municipal–, todo como una herencia del afán del pujolismo en su fomento de la identidad nacional; pero la idea de una ciudad abierta que auspicia los grandes acontecimientos para atraer el turismo, continúa en pie.

Finalmente recalca que: “Gran parte de los grandes acontecimientos musicales están actualmente en manos de grupos internacionales que buscan crecer a cualquier precio para su rentabilidad en bolsa. Los grandes fondos y promotoras han entrado en el Primavera Sound y el Sónar, y una de las consecuencias es que para un promotor independiente como nosotros nos es muy difícil competir”.